Concepto y origen:
Las más antiguas inscripciones que se conservan escritas con alfabeto latino son la "lapis niger", la fíbula de Preneste del
siglo VI a.C. y el vaso de Duenos del siglo IV a.C.
Los estudios más recientes en torno a la escritura latina mantienen la validez de las tesis de Maffei que afirmaba que la gran
variedad de tipos que se encuentran en los manuscritos antiguos y medievales no se pueden considerar como escrituras latinas
diferentes, sino formas diversas derivadas todas de la escritura latina de la edad romana.
La escritura mayúscula romana:
El alfabeto romano deriva del alfabeto griego a través de la mediación de los etruscos.
En el siglo I a. C. los romanos ya manejaban un alfabeto casi idéntico al actual. También aplicaban diferentes tipos de
escritura, desarrollando ya las variantes y estilo tipográficos fundamentales.
De hecho, la escritura latina constituye el inicio de la escritura actual del mundo occidental a través de una larga evolución
formal que dio comienzo allá por el siglo VI a.C. con la capital arcaica, siguiendo con la capital epigráfica y posteriormente
paleográfica, uncial, cursiva, semiuncial, carolingia, gótica y humanística, ya en el siglo XV, cuando la imprenta empezaba a
sustituir a la larga tradición manuscrita en la producción de libros.
La escritura romana más antigua, a juzgar por las inscripciones, estaba compuesta enteramente de letras capitales. La
variante más formal de ellas era una letra mayúscula (o capital, del latín caput) que actualmente denominamos “capital
cuadrada” o simplemente “capital romana”, usada fundamentalmente para inscripciones en monumentos, por lo que es también conocida como scriptura monumentalis.
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Capital cuadrada monumental: Imagen de una inscripción
que se encuentra en la columna de Trajano. Año 113-114 d.C.
Obsérvese la gradación en tamaño de los sucesivos renglones.
El objetivo es que las letras dieran la impresión
de tener el mismo tamaño cuando se veían desde abajo. |
La letra capital monumental fue adaptada para su uso en manuscritos, es la denominada capital elegante o capital cuadrada
(capitalis elegans o quadrata), pero existen pocos ejemplares escritos con esta letra.
Esta bella escritura parece haber sido reservada para manuscritos de lujo y para las más veneradas obras, como las obras de
Virgilio o la Biblia, puesto que las letras capitales cuadradas eran muy laboriosas de escribir debido a sus líneas rectas y
formas angulares que se adecuaban más para ser trazadas en superficies duras con un cincel que para texto escrito con un
cálamo o una pluma sobre papiro o pergamino.
Como consecuencia de ello, para propósitos más generales, los romanos desarrollaron una escritura libraria menos formal
llamada capital rústica (capitalis rustica) que también posee una variante epigráfica (scriptura actuaria).
La capital rústica era una escritura mayúscula con letras más redondeadas y por lo tanto más fáciles de producir sobre
superficies blandas con un cálamo (calamus) o con una pluma (penna).
La escritura capital rústica se hizo muy popular y se convirtió en la letra estándar para libros hasta el siglo VI d.C., aunque
siguió utilizándose hasta el siglo IX d.C. para títulos y encabezamientos.
En torno al siglo III d.C., todavía en la época romana, surgió otra escritura mayúscula libraria conocida bajo la
denominación de uncial (uncialis), con clara influencia de la escritura griega de la época y utilizada en un principio casi
exclusivamente para textos religiosos. Las formas de las letras son decididamente redondeadas.
En conclusión, conforme a lo expuesto anteriormente, la escritura mayúscula de los más antiguos manuscritos en la época
romana se divide por lo tanto en dos ramas: la escritura en letras capitales y la escritura en letras unciales.
Las letras capitales a su vez son de dos tipos: capital cuadrada y capital rústica. El manuscrito latino más antiguo que se
conserva (De bello Actiaco, fragmentos de un poema sobre la batalla de Actium encontrados en Herculano, véase imagen
abajo) está escrito con capitales rústicas, pero no por ello hay motivo suficiente para aseverar que la variante rústica haya sido
empleada en manuscritos antes que la variante cuadrada, más bien, siguiendo la analogía de las inscripciones, debería darse
prioridad al uso de las letras cuadradas.
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