Dirección
Todos
los contornos básicos expresan tres direcciones visuales básicas
y significativas: el cuadrado, la horizontal y la vertical (fig. 3.18);
el triángulo, la diagonal (fig. 3.19); el círculo, la curva
(fig. 3.20). Cada una de las direcciones visuales tiene un fuerte significado
asociativo y es una herramienta valiosa para la confección de mensajes
visuales. La referencia horizontal-vertical (fig. 3.21) ya ha sido comentada,
pero recordemos que constituye la referencia primaria del hombre respecto
a su bienestar y su maniobrabilidad. Su significado básico no sólo
tiene que ver con la relación entre el organismo humano y el entorno
sino también con la estabilidad en todas las cuestiones visuales.
No sólo facilita el equilibrio del hombre sino también el
de todas las cosas que se construyen y diseñan. La dirección
diagonal (fig. 3.22) tiene una importancia grande como referencia directa
ala idea de estabilidad. Es la formulación opuesta, es la fuerza
direccional más inestable y, en consecuencia, la formulación
visual más provocadora. Su significado es amenazador y casi literalmente
subversivo. Las fuerzas direccionales curvas (figura 3.23) tienen significados
asociados al encuadramiento, la repetición y el calor. Todas las
fuerzas direccionales son muy importantes para la intención compositiva
dirigida a un efecto y un significado finales.
El
tono
Los bordes
en que la línea se usa para representar de modo aproximado o detallado
suelen aparecer en forma de yuxtaposición de tonos, es decir, de
intensidades de oscuridad o claridad del objeto visto. Vemos gracias a
la presencia o ausencia relativa de luz, pero la luz no es uniforme en
el entorno ya sea su fuente el sol, la luna o los aparatos artificiales.
Si lo fuese, nos encontraríamos en una oscuridad tan absoluta como
la de una ausencia completa de luz. La luz rodea las cosas, se refleja
en las superficies brillantes, cae sobre objetos que ya poseen una claridad
o una oscuridad relativas. Las variaciones de luz, o sea el tono, constituyen
el medio con el que distinguimos ópticamente la complicada información
visual del entorno. En otras palabras, vemos lo oscuro porque está
próximo o se superpone a lo claro, y viceversa (figs. 3.24 y 3.25).

Entre
la oscuridad y la luz existen en la naturaleza múltiples gradaciones
sutiles que quedan severamente limitadas en los medios humanos para la
reproducción de la naturaleza en el arte o el cine.
Cuando observamos la tonalidad de la naturaleza vemos auténtica
luz. Cuando hablamos de tonalidad en el grafismo, la pintura, la fotografía
o el cine, nos referimos a alguna clase de pigmento, pintura o nitrato
de plata que se usa para simular el tono natural. Entre la luz y la oscuridad
de la naturaleza hay cientos de grados tonales distintos, pero en las
artes gráficas y en la fotografía esos grados están
muy restringidos (fig. 3.26). La escala tonal más usada entre el
pigmento blanco y el pigmento negro tiene unos trece grados. En la Bauhaus
y en muchas otras escuelas de arte, siempre se ha pedido a los estudiantes
que representen el mayor número posible de gradaciones tonales
distintas y reconocibles de que fuesen capaces entre el blanco y el negro.
Con gran sensibilidad y delicadeza se puede llegar hasta los treinta tonos
de gris, pero esto no es práctico en los usos comunes pués
resulta demasiado sutil visual mente hablando. ¿Cómo se
enfrenta entonces el visualizador a esta limitación tonal? La manipulación
del tono mediante la yuxtaposición mitiga considerablemente las
limitaciones tonales inherentes al problema de emular la prodigalidad
tonal de la naturaleza. Un tono de gris puede cambiar espectacularmente
cuando se sitúa sobre una escala tonal (fig. 3.27). La posibilidad
de una representación tonal mucho más amplia puede hacerse
realidad recurriendo a estos medios.
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Vivimos en un mundo dimensional y el tono es uno de los mejores instrumentos
de que dispone el visualizador para indicar y expresar esa dimensión.
La perspectiva es el método de producir muchos efectos visuales
especiales de nuestro entorno natural, para representar la tridimensionalidad
que vemos en una forma gráfica bidimensional. Utiliza muchos artificios
para representar la distancia, la masa, el punto de vista, el punto de
fuga, la línea del horizonte, el nivel del ojo, etc. (fig. 3.28).
Pero ni siquiera con la ayuda de la perspectiva podría la línea
crear la ilusión de una realidad si no recurriera también
al tono (fig. 3.29). La adición de un fondo tonal refuerza la apariencia
de realidad, creando la sensación de una luz reflejada y unas sombras.
Este efecto es aún más espectacular en los contornos sencillos
y básicos como el círculo, que no podría tener una
apariencia volumétrica sin una información tonal (fig. 3.30).
La claridad y la oscuridad son tan importantes para la percepción
de nuestro entorno que aceptamos una representación monocromática
de la realidad en las artes visuales y lo hacemos sin vacilación.
De hecho, los tonos variables de gris en las fotografías, el cine,
la televisión, el aguafuerte, la mediatinta, los bocetos tonales,
son sustitutos monocromáticos y representan un mundo que no existe,
un mundo visual que aceptamos sólo por el predominio de los valores
tonales en nuestras percepciones. La facilidad con que aceptamos la representación
visual monocromática nos da la exacta medida de hasta qué
punto es importante el tono para nosotros, y lo que importa más
aún, de hasta qué punto somos inconscientemente sensibles
a los valores monótonos y monocromos de nuestro entorno. ¿Cuántas
personas se han dado cuenta de que poseen esa sensibilidad? La razón
de este asombroso hecho visual es que la sensibilidad tonal es básica
para nuestra supervivencia. Sólo cede su primacía ante la
referencia horizontal-vertical en el conjunto de las claves visuales que
afectan a nuestra relación con el entorno. Gracias a ella vemos
el movimiento súbito, la profundidad, la distancia y otras referencias
ambientales. El valor tonal es otra manera de describir la luz. Gracias
a él, y sólo a él, vemos.
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