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Normalización del color (II)
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por Paola L. Fraticola |
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Las formas del contraste Decimos que una composición es contrastante cuando está realizada con colores que nada tienen en común entre sí.
-Contraste de tono: cuando utilizamos diversos tonos cromáticos. La sensación de contraste de tono más acentuada se produce cuando empleamos colores base sin modulaciones intermedias. Es un contraste fuerte, pero no excesivo si tenemos la precaución de que domine sólo uno en extensión, en intensidad o en saturación, atenuando los restantes con blanco, negro, o reduciendo sus dimensiones. -Contraste de claroscuro: Su punto extremo está representado por la proximidad del blanco y el negro, entre los que se desarrolla una escala completa de grises, actuando el color gris como un intermediario neutro, que puede apaciguar tonos de contraste intenso.
-Contraste de saturación: se origina por la modulación de un tono puro saturado con blanco, negro, gris, o con un color complementario. El contraste puede darse entre colores puros o bien por la confrontación de éstos con otros no puros. Los colores puros pierden luminosidad cuando se les añade negro, y varían su saturación mediante la adición del blanco. Asimismo, modifican sus atributos de calidez y frialdad. Por ejemplo, el rojo tiende al rosa cuando se le añade blanco; pero tiende al marrón si le añadimos negro. Los colores que más varían con la adición del negro son el amarillo (que tiende al verdoso) y el azul. El verde es el color que menos cambia, mezclado tanto con blanco como con negro. Los tonos más apagados, sobre todos los grises, se "aprovechan" de la luminosidad de los colores que los rodean; mientras que los colores que están junto a estos tonos apagados, parecen menos vivos y luminosos.
-Contraste de cantidad: es la contraposición de lo grande y 10 pequeño, en una relación basada en el logro del equilibrio máximo, de tal manera que ningún color tenga preponderancia sobre otro. Mediante la percepción ligada a la luminosidad y a la intensidad, la relación dimensional puede corregir importantes diferencias. Superficies de color de distinta luminosidad y de idénticas dimensiones, por el fenómeno de irradiación (que se estudiará más adelante), parecen de tamaño distinto. Por tanto, para traducir los valores de luminosidad en valores de calidad, se invierten las relaciones numéricas. En una composición gráfica, el amarillo, siendo tres veces más luminoso, debería ocupar una extensión tres veces más pequeña que su complementario violeta. Si varía la luminosidad de uno de los colores, deben también modificarse las proporciones relativas de las formas asociadas a los mismos, con lo que puede llegar a demostrarse que la luminosidad y la extensión están estrechamente relacionadas entre sí. -Contraste simultáneo: se produce por la influencia que cada tono ejerce sobre los demás al yuxtaponerse a ellos en una composición gráfica. -Contraste entre complementarios: es el efecto de contraste más utilizado. Dos colores complementarios son los que ofrecen juntos mejores posibilidades de contraste, aunque resulta muy violento visualmente combinar dos colores complementarios intensos. Para lograr algo más armónico, conviene que uno de ellos sea un color puro, y el otro esté modulado con blanco o negro. El tono puro debe ocupar una superficie muy limitada, pues la extensión de un color en una composición debe ser inversamente proporcional a su intensidad. -Contraste entre tonos calientes y tonos fríos: puede dar lugar a efectos luminosos fríos y oscuros, fríos y claros, cálidos y oscuros, cálidos y claros. Para el color, la relación figura-fondo resulta un factor determinante, que puede producir modificaciones y variaciones en la percepción. Hablaremos con más profundidad de los contrastes simultáneo y sucesivo.
Contraste sucesivo
Fisiológicamente, cuando está en reposo el sistema visual, manifiesta un nivel medio de actividad nerviosa, también llamada frecuencia de descarga. Cuando llega al ojo una luz, aquél responde con un aumento de esta frecuencia, y es cuando nosotros percibimos un color determinado. Si se mantiene este estímulo luminoso, la frecuencia retoma valores normales, y entonces percibimos este color como menos saturado. Cuando cesa el estímulo, el ojo responde con una reacción contraria, disminuyendo la frecuencia de descarga por debajo del valor medio, y es cuando "vemos" el color complementario. La oposición de los mismos en el círculo cromático aclara el funcionamiento de la percepción de los colores en nuestro ojo, porque los colores que en este círculo se oponen (es decir, los complementarios), son los que tienden a aparecer en el ojo después de haber mirado fijamente a uno de éstos. Si por espacio de un minuto fijamos la mirada sobre un objeto rojo y la dirigimos después hacia una superficie blanca (o mejor gris muy clara), se ve una mancha de igual forma de ese objeto, pero de color verde (complementario del rojo). Si se mira al amarillo se origina posteriormente una impresión violeta, y si miramos al azul, se origina una impresión naranja. Si miramos al blanco obtendremos una impresión negra, y si miramos al negro obtendremos una impresión blanca. Tales imágenes sucesivas, también llamadas póstumas, pueden ser positivas o negativas.
Contraste simultáneo
Hacia 1840 Chevreul descubrió un fenómeno que denominó contraste simultáneo o recíproco, basado en el principio de la complementariedad. Además de la imagen sucesiva que se obtiene tras una observación prolongada, en las zonas inmediatamente adyacentes al color observado puede aparecer, simultáneamente, su complementario, fenómeno conocido como inducción cromática, provocado por un mecanismo fisiológico que se denomina "inhibición lateral": un área de la retina, cuando es estimulada, inhibe las zonas inmediatamente colindantes, provocando la impresión contraria. Este proceso es el que provoca que un área clara junto a una oscura aparezca más clara de lo que en realidad es; y una oscura, más clara. El mayor contraste cromático aparece cuando dos colores complementarios son adyacentes. Si observamos una superficie roja sobre un fondo blanco, sus contornos aparecerán de color verde. Del mismo modo, una superficie amarilla sobre fondo blanco mostrará sus contornos de color violeta. Sin embargo, si colocamos cada una de las superficies sobre un fondo de otro color, cada una modificará su color en la dirección del complementario de la superficie adyacente.
Por ejemplo, si observamos una superficie roja sobre un fondo amarillo, veremos que el amarillo extiende sobre los bordes del rojo una franja de color violeta, o también podremos observar que el rojo se dilata sobre el amarillo con apariencia verde.
Escalas cromáticas y acromáticas
Tradicionalmente, se ha considerado blanco, negro y gris como colores acromáticos o neutros, o, lo que es lo mismo, "colores sin color". Pero hay que analizar si el blanco y el negro son o no colores, y esto depende del punto de vista que se adopte al realizar el estudio. Si analizamos psicológicamente estos colores, la respuesta es positiva, es decir sí son colores, ya que originan en el observador determinadas sensaciones y reacciones psicológicas (baste decir que son los colores tradicionales del luto, dependiendo de la cultura).
Entendemos como modulación la variación con que se modifica un color, ya sea en su tono, en su saturación o en su luminosidad. Cuando esta modulación se produce de una forma continua, a iguales intervalos y sin rupturas, decimos que se origina una escala, que podrá ser cromática o acromática. 1 - 2 |
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