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Arte aplicada o técnica de la comunicación:
dos vertientes en la práctica del diseño gráfico (V) |
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por Milko A. García Torres |
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La citada heterogeneidad temática es asumible desde muy distintas modalidades de trabajo y perfiles profesionales, con la respectiva diversidad de modelos culturales. Aún con la expansión de la industrialización de todos los procesos de producción y consumo de los mensajes gráficos, el diseño gráfico (producto específico de tal proceso) sigue constituyendo un ámbito parcial de la producción gráfica. Y sim tal como lo hiciéramos respecto de los productos, también en los procesos nos limitáramos al ámbito del diseño, la heterogeneidad se mantendría. El diseño en el sentido más amplio, es decir, como etapa de definición de las características de un objeto de proporción industrial, abarca desde cierta artesanía industrial, hasta formas de planificación muy sofisticadas. Los campos de actuación de esas modalidades del diseño, son de muy distinta extensión y variedad temática. Tal extensión es, además, variable en el tiempo, pues se observan migraciones temáticas entre ellos: programas que en una época eran asumidos por un tipo de perfil profesional, se desplazan hacia otros generalmente más especializados. Tal es el caso de los programas de identidad corporativa, que en gran parte solían ser encargados a agencias de publicidad, y que actualmente tienden a concentrarse en estudios especializados de diseño gráfico.
Y lo que ocurre con el objeto y el método pasa también con el sujeto. No es lo mismo un perfil de estilista o decorador de tipos prefijados, que un perfil diseñador stricto sensu. En cada caso dicho perfil está dictado por un determinado tipo de inscripción cultural, que es transindividual e inconsciente. Las matrices culturales sobre las que se asientan los comportamientos técnicos, son más rígidas que las ideologías y las metodologías de diseño. Experimentan escasísimas variaciones en el tiempo y tienen un alto poder de condicionamiento de la práctica, pues no constituyen un mero instrumento sino una verdadera estructura psicotécnica, un determinado tipo de sujeto. Su carácter esencialmente inconsciente le resta maleabilidad, y sólo crisis importantes en la profesión y en el individuo, pueden resquebrajar su estabilidad y crear condiciones para el cambio cultural. Ausente una definición precisa de la disciplina, la pura graficidad de los productos actúa empíricamente como elemento de cohesión, factor común a la práctica de muy diversos perfiles culturales y técnicos.
A la natural heterogeneidad de las inscripciones socioculturales de los diseñadores se suma su heterogénea proveniencia vocacional y motivacional. El espacio gráfico deviene así en un verdadero melting pot donde una auténtica aleación tarda en producirse. Sin duda esta tardanza proviene de la debilidad de la estructura disciplinar.
Teniendo en cuenta las condiciones anteriores, la hipótesis de un posible catálogo general de las formas de producción gráfica, permitiría prever una notable estrechez del capítulo dedicado al diseño, inmerso como está en un repertorio de otras múltiples manifestaciones del quehacer geográfico. El propio diseño constituye ya una práctica heterogénea, una profesión plural en la que concurren variantes técnicas, metodológicas, cultureales, y estilísticas. Los límietes entre esas variantes, y aún entre lo diseñado y lo no-diseñado, son borrosos. Y la debilidad de la actividad analítica de la disciplina favorece la perduración de este estado de indefinición. Estas imprecisiones no son sólo un mero problema teórico, sino principalmente un obstáculo para la práctica técnica concreta. Esta situación es la fuente de la alta polisemia del propio término "diseño", no superable mediante un esfuerzo teórico de redenominación de las especies diferenciadas. Pues el uso de la expresión "diseño gráfico" lleva casi un siglio de vida, y el entorno de ambigüedad tan alto con que se ha implantado en el lenguaje coloquial, es ya irreversible. |
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