Sección 01 Historia del diseño gráfico
Una mirada al diseño de hoy,
desde el diseño de ayer (XI)

Imagen de la D.G. Paola Fratícola

por Paola L. Fraticola
Recopilación del artículo de María del Valle Ledesma
en "Diseño y Comunicación"

 

 

En busca de la especificidad del Diseño Gráfico

El Diseño Gráfico es una forma de comunicación específica, en tanto estos elementos canal, medio y carácter se conjugan en él de una manera que le es propia.
Sin embargo, su especificidad está aún por determinarse. Sostenido en la tríada canal visual, medios y carácter masivo, el Diseño Gráfico es un tipo de comunicación que apela al canal visual a través de medios que establecen una distancia entre emisor y receptor y cuyo carácter es colectivo. No es un medio de comunicación de masas: es una forma que, como tal, admite circular y desarrollarse en distintos medios. Diarios, revistas, libros, calles, televisión, Internet, todos son medios que albergan esta forma particular de comunicación.

Su ámbito comunicacional parece claro: de raigambre urbana, el Diseño Gráfico circula en todas partes pero remite a la ciudad. Su carácter de comunicación es siempre colectivo y social en tanto plantea, a públicos masivos, comunicaciones de entidades públicas o privadas.

Estas generalidades permiten plantear la pregunta: ¿existe una comunicación propia del Diseño Gráfico?

Si se lo analiza a partir de sus productos, se observa una proliferación casi inabarcable: señales y afiches, pantallas interactivas e imágenes corporativas, folletos y boletos, guías telefónicas, planos, mapas... Estos objetos tienen, por su parte, un vasto dominio de circulación que -medido en distancias sociales- abarca desde los espacios más reducidos (hogareños, familiares) hasta los más dilatados que incluyen una comunidad, una nación o el espacio internacional.
Circulación de la comunicación por espacios heterogéneos, productos heterogéneos: el campo de la respuesta se dilata en lugar de acotarse. ¿Dónde buscar -si la hay- una cierta especificidad comunicacional?

La comunicación: fenómeno complejo

La comunicación humana es un producto mucho más complejo que el que se desprende de los modelos comunicacionales, desde el conocido de Román Jakobson hasta el perfeccionado de Kerbrat-Orecchioni o sus respectivas banalizaciones.
Uno de los peligros que esconde hablar de modelos comunicacionales es convertir la comunicación en un hecho estático, con roles fijados de antemano.

Estos modelos, que han ocupado un lugar importante en la reflexión sobre la comunicación, presentan el obstáculo de hacer aparecer al emisor como alguien que emite, sin contacto con el receptor, sin recibir ninguna influencia de él y, por lo tanto, muéstra el mensaje como un producto acabado desde el mismo momento en que el emisor lo piensa y lo formula. El planteo que se desprende de estos modelos es unidireccional: hay un emisor que habla y un receptor que descodifica, cada uno en su esfera, cada uno cumpliendo un papel asignado de antemano.

Detrás de ellos se oculta que la sociedad está tramada, constituida, por comunicaciones que -lejos de ser unidireccionales- se entrecruzan y entrelazan de manera compleja. No hay un rol único ni estático. Todos los miembros de la sociedad son uno y otro en cada momento. Se crea así un circuito de mensajes que sostienen la vida social. Este circuito no es lineal sino que los mensajes adoptan características disímiles: algunos son manifiestos, otros son sugeridos; los hay explícitos pero también implícitos; algunos, oficiales; otros, no oficiales. Con esto se hace referencia, por ejemplo, a las comunicaciones avaladas desde un poder oficial o institucional; a aquellas que, en cambio, circulan con las características del rumor, la versión o el "chisme" cuyas condiciones de legitimidad social son distintas; a significados que se sugieren o se adivinan detrás de las manifestaciones, en fin, a la variedad de modos y géneros comunicativos.

La totalidad de la cultura está basada en sistemas que procesan y transmiten significaciones. Con una complejidad que no admite excusas, los procesos comunicacionales se complementan y completan sin ningún tipo de autonomía entre sí. Solidarios los unos con los otros, dependientes los unos de los otros, opuestos los unos de los otros, conforman en su totalidad el sistema cultural de una sociedad.

En la cultura mediática -y de ahí su nombre- este intercambio de significaciones está, fundamentalmente, en manos de los medios. Diario, radio, TV, cine, teléfono, fax, Internet, son los mediadores de la información social circulante.
Estos medios tienen características propias, pero tienden a formar una red con puntos de contacto entre sí aunque con aspectos diferenciales. Una noticia, por ejemplo, tiene distinto tratamiento en el diario, la radio y la TV, y aun dentro de cada tipo de soporte.

Esta concepción supone que los centros de información no responden a un solo lugar, que los sectores dominantes no son uniformes, que -por lo tanto- existen rivalidades entre ellos, así como existen rivalidades y contradicciones entre la emisión y lo que los receptores esperan, que -por otro lado— hay una contradicción entre la fuente de la que parte el mensaje y el comunicador -periodista, diseñador- que la emite, que los propios receptores están prevenidos contra la manipulación, que en contra de la dirección dominante hacia la centralización aparecen versiones alternativas, como lo prueban la cantidad de radios y canales de cable independientes.
Esta situación muestra, entonces, un mundo complejo en el que la fuerza conservadora convive con la liberadora (Habermas, 1990: 552).
La cultura de los medios potencia la complejidad comunicacional transformándola en una red intrincada en la que los lugares están cambiando constantemente. De todas sus características, hay tres que considero importante remarcar.
La primera se refiere a la ampliación del volumen y carácter de la información con la ruptura de los términos "público" y "privado".

La segunda, a la escasa duración de la atención sobre un tema cuya consecuencia es el privilegio de los acontecimientos sobre los procesos. Ambas están ligadas.entre sí: la cantidad de comunicación influye en la duración de lo comunica-Y do. El volumen de lo comunicado es de tal magnitud que rápidamente es desplazado de los centros de interés.
Por otro lado, la proliferación de medios de la que se ha hablado más arriba suele estar acompañada del concepto de autonomía. El hombre es libre -se dice- para elegir ante la multiplicidad de discursos. Sin embargo, siempre -y mucho más en la era mediática— la comunicación se basa en la pretensión de autonomía. Ésta es la tercera característica.

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