Sección 01 Historia del Arte

El estilo gótico Tardío

Imagen del Lic. Milko A. García Torres
por Milko A. García Torres
Recopilación del libro "Historia de la pintura. Guía esencial
para conocer la historia del arte occidental". Wendy Beckett
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Gerard David, Hieronymus Rosch (El Bosco) y Matthias Grünewald fueron artistas de principios del siglo XVI y contemporáneos de los otros artistas del norte: Alberto Durero, Lucas Cranach y Hans Holbein. Sin embargo, la pintura de los primeros mantiene conexiones con la tradición gótica, mientras que los segundos recibieron una fuerte influencia del Renacimiento italiano. Por lo tanto, en la primera mitad del siglo XVI coexistieron en el norte de Europa las dos tendencias artísticas del gótico y el Renacimiento

 

 

 

 

 

 

Gerard David (h.1460-1523) fue el sucesor natural de Memling en Brujas a finales del siglo XV; fue un artista de mucho éxito y tuvo un taller muy productivo. Es un pintor verdaderamente encantador, cuya infantil Virgen produce una inmediata y espontánea respuesta emocional. En El descanso en la huida a Egipto (arriba), ella sujeta un racimo de uvas para su niño, un símbolo del vino de su Pasión de adulto. No obstante, su expresión tranquila y abstraída no es de presentimiento; parece ensimismada con su hijo Jesús en una contemplación eterna, mientras san José carga todas las preocupaciones y el asno vigila.
El distintivo estilo de los Países Bajos a principios del siglo XV, que vemos en las pinturas de Campin y Van Eyck, alcanza su cima con las pinturas de David. En él encontramos las cualidades monumentales de la tradición del norte, vitalizadas por una nueva versión pictórica, que más adelante influiría en Quentin Massys y Jan Gossaert. Gracias a ellos, (h. 1450-1516) se aparta de las tradiciones las tradiciones divergentes del norte y del sur se unieron de nuevo, aunque esto sucedió más adelante, cuando el arte del Renacimiento italiano ejerció una enorme y apremiante influencia. El arte del norte conservó su dura veracidad, pero con modulaciones italianas.


La visión única de El Bosco

 

El extraordinario pintor Hieronymus Bosch (H. 1450-1516) se aparta de las tradiciones flamencas predominantes en pintura. Su estilo único, de una libertad sorprendente, y su simbolismo inolvidablemente vívido, siguen sin igualarse. Maravilloso y terrorífico, expresa un intenso pesimismo y refleja las ansiedades de su tiempo, una época de cambios políticos y sociales.
Poco se conoce sobre El Bosco, cosa en cierto modo lógica, dado el carácter enigmático de su obra. Sabemos que adoptó el nombre de la ciudad holandesa de Hertogenbosch (cerca de Amberes), que perteneció a una comunidad religiosa ultraortodoxa denominada la Hermandad de María, y que ya en vida fue famoso.Muchas de sus pinturas son religiosas, y varias tratan el tema de la Pasión. Es especialmente famoso por sus obras fantásticas y llenas de demonios, una de las cuales es La tentación de san Antonio (arriba). El panel central de este tríptico ilustra la figura arrodillada de san Antonio atormentado por los demonios, entre los cuales se encuentra un hombre con un cardo por cabeza y un pez que es una góndola. Por muy extrañas y singulares que estas imágenes nos parezcan, muchas resultaban famIiares para sus contemporáneos, pues están relacionadas con proverbios flamencos y con la terminología religiosa.

 

Lo que resulta más extraordinario es que las criaturas imaginarias están pintadas con absoluta convicción, como si hubiesen existido de verdad. Ha imbuido a cada creación extraña o extravagante con el mismo realismo obvio que los elementos naturalistas y humanos. Sus imágenes de pesadilla parecen poseer una inexplicable fuerza surrealista. Incluso una pintura más naturalista como es el caso de El camino de la vida (arriba) contiene elementos siniestros. Aparte del perro gruñendo del primer plano, vemos en el fondo que unos ladrones atacan a un viajero. A la altura de la cabeza el anciano, en la lejanía, se puede ver además una horca. El camino de la vida está en la parte exterior de las alas del tríptico; en los tres paneles interiores representa El Bosco su trágica visión de la existencia humana, cada vez más trágica por el triunfo del pecado. A la izquierda aparece la expulsión del hombre del Paraíso, en el centro la infinita variedad de vicios humanos y a la derecha sus consecuencias:
el exilio en el infierno.

 

Alegorías ilustradas

En La nave de los locos (arriba), El Bosco imagina que toda la humanidad está viajando por los mares del tiempo en una nave, una embarcación pequeña que representa a la humanidad. Por desgracia, cada uno de los representantes de la humanidad es un loco. Así es como vivimos, dice El Bosco, comemos, bebemos, amamos, engañamos, hacemos tonterías, buscamos objetivos inalcanzables; mientras tanto, nuestro barco navega sin rumbo y nunca conseguimos llegar a puerto. Los locos no son los ateos -entre ellos se encuentran un monje y una monja- sino todos aquellos que viven «en la estupidez». El Bosco se ríe, pero es una risa triste. ¿Quién de nosotros no navega en la desdichada incomodidad del barco de las locuras humanas? Genio excéntrico, El Bosco no sólo conmovía el corazón, sino que lo escandalizaba con toda conciencia. Las cosas siniestras y monstruosas que pintaba son las criaturas escondidas de nuestro egoísmo interior: saca al exterior la fealdad que llevamos dentro y por eso sus feos demonios producen un efecto que va más allá de la simple curiosidad, sentimos que guardamos con ellos una odiosa similitud. La nave de los locos no trata sobre otras personas, sino sobre todos nosotros.

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Un cuento moral

Otra de las tablas de El Bosco, La muerte y el avaro (arriba), sirve de aviso a aquellos que se hayan aferrado a los placeres de la vida sin la suficiente indiferencia y no están preparados para morir. ¿Quién puede sentirse indiferente ante esta fábula? En un formato largo y concentrado sitúa El Bosco todo el doloroso escenario. El moribundo desnudo ha sido un hombre con poder: a los pies de su cama, ahora separada por una pequeña pared, yace su armadura. Ha conseguido sus riquezas en los combates; el enfermo ha luchado por sus bienes y los ha almacenado cerca de él. Aparece dos veces; la segunda, sano, sobriamente vestido porque acumula su oro, lleno de satisfacción cuando añade otra moneda. Los demonios están al acecho, la muerte asoma su cabeza por la puerta (nótese la sorpresa del enfermo: la muerte nunca se espera) y la batalla final empieza; una batalla que debe librar sin su armadura. Detrás de él hay un ángel rogando. Delante, ofreciéndole oro, acecha un demonio. Sobre la cama, expectante e interesado, mira otro demonio. El final de la historia queda abierto. Deseamos que el avaro renuncie a las vacías posesiones y acepte la verdad de la muerte.

 

 

La obscura visión de Grünewald

 

El último florecimiento del gótico llegó relativamente tarde con la obra del artista alemán Matthias Grünewald (su verdadero nombre era Mathis Neithart, o Gothart, 1470/1480-1528). Probablemente fue coetáneo de Durero, pero mientras que éste estaba profundamente influido por el Renacimiento, Grünewald lo ignoraba en su elección temática y en el estilo. Gran parte de su obra no se ha conservado hasta nuestros días, pero incluso con la pequeña cantidad que nos ha llegado, es posible ver en Grünewald uno de los pintores con más fuerza. Ningún otro artista ha expuesto jamás el horror del sufrimiento de una forma tan terrible y verdadera y, sin embargo, ha mantenido laconvicción de la salvación, cosa que El Bosco no consigue. Su Crucifixíó (arriba), parte del Retablo de lsenheim, ahora en Colmar, fue encargado para el monasterio antonino de lsenheim con objeto de dar apoyo a los pacientes del hospital del monasterio. Cristo aparece horrible, con la piel inflamada y llena de heridas provocadas por la flagelación y las torturas que ha sufrido. Esta era una imagen impactante para un hospital especializado en enfermedades de la piel.

La pequeña Crucifixíón (arriba), obra más accesible, nos compromete directamente con la muerte del Salvador. El Señor crucificado se inclina en nuestro espacio; nos aplasta, nos deja sin escapatoria y llena la pintura con su agonía. La inmensidad de la oscuridad y la montaña nos rodean, y solos con el dolor, nos vemos forzados a enfrentamos a la verdad. En el Antiguo Testamento se habla muchas veces de un «sufrido sirviente» , y en el Salmo 22 se describe como «un gusano y no un hombre»: cuando leemos esto pensamos en el Cristo de Grünewald. En su noble veracidad, el arte gótico alcanza una grandeza electrizante.

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