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El estilo gótico Tardío |
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por Milko A. García Torres Recopilación del libro "Historia de la pintura. Guía esencial para conocer la historia del arte occidental". Wendy Beckett. |
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Gerard David (h.1460-1523) fue el sucesor natural de Memling en Brujas a finales del siglo XV; fue un artista de mucho éxito y tuvo un taller muy productivo. Es un pintor verdaderamente encantador, cuya infantil Virgen produce una inmediata y espontánea respuesta emocional. En El descanso en la huida a Egipto (arriba), ella sujeta un racimo de uvas para su niño, un símbolo del vino de su Pasión de adulto. No obstante, su expresión tranquila y abstraída no es de presentimiento; parece ensimismada con su hijo Jesús en una contemplación eterna, mientras san José carga todas las preocupaciones y el asno vigila.
El extraordinario pintor Hieronymus Bosch (H. 1450-1516) se aparta de las tradiciones flamencas predominantes en pintura. Su estilo único, de una libertad sorprendente, y su simbolismo inolvidablemente vívido, siguen sin igualarse. Maravilloso y terrorífico, expresa un intenso pesimismo y refleja las ansiedades de su tiempo, una época de cambios políticos y sociales.
Lo que resulta más extraordinario es que las criaturas imaginarias están pintadas con absoluta convicción, como si hubiesen existido de verdad. Ha imbuido a cada creación extraña o extravagante con el mismo realismo obvio que los elementos naturalistas y humanos. Sus imágenes de pesadilla parecen poseer una inexplicable fuerza surrealista. Incluso una pintura más naturalista como es el caso de El camino de la vida (arriba) contiene elementos siniestros. Aparte del perro gruñendo del primer plano, vemos en el fondo que unos ladrones atacan a un viajero. A la altura de la cabeza el anciano, en la lejanía, se puede ver además una horca. El camino de la vida está en la parte exterior de las alas del tríptico; en los tres paneles interiores representa El Bosco su trágica visión de la existencia humana, cada vez más trágica por el triunfo del pecado. A la izquierda aparece la expulsión del hombre del Paraíso, en el centro la infinita variedad de vicios humanos y a la derecha sus consecuencias:
Alegorías ilustradas
En La nave de los locos (arriba), El Bosco imagina que toda la humanidad está viajando por los mares del tiempo en una nave, una embarcación pequeña que representa a la humanidad. Por desgracia, cada uno de los representantes de la humanidad es un loco. Así es como vivimos, dice El Bosco, comemos, bebemos, amamos, engañamos, hacemos tonterías, buscamos objetivos inalcanzables; mientras tanto, nuestro barco navega sin rumbo y nunca conseguimos llegar a puerto. Los locos no son los ateos -entre ellos se encuentran un monje y una monja- sino todos aquellos que viven «en la estupidez». El Bosco se ríe, pero es una risa triste. ¿Quién de nosotros no navega en la desdichada incomodidad del barco de las locuras humanas? Genio excéntrico, El Bosco no sólo conmovía el corazón, sino que lo escandalizaba con toda conciencia. Las cosas siniestras y monstruosas que pintaba son las criaturas escondidas de nuestro egoísmo interior: saca al exterior la fealdad que llevamos dentro y por eso sus feos demonios producen un efecto que va más allá de la simple curiosidad, sentimos que guardamos con ellos una odiosa similitud. La nave de los locos no trata sobre otras personas, sino sobre todos nosotros. . Un cuento moral
Otra de las tablas de El Bosco, La muerte y el avaro (arriba), sirve de aviso a aquellos que se hayan aferrado a los placeres de la vida sin la suficiente indiferencia y no están preparados para morir. ¿Quién puede sentirse indiferente ante esta fábula? En un formato largo y concentrado sitúa El Bosco todo el doloroso escenario. El moribundo desnudo ha sido un hombre con poder: a los pies de su cama, ahora separada por una pequeña pared, yace su armadura. Ha conseguido sus riquezas en los combates; el enfermo ha luchado por sus bienes y los ha almacenado cerca de él. Aparece dos veces; la segunda, sano, sobriamente vestido porque acumula su oro, lleno de satisfacción cuando añade otra moneda. Los demonios están al acecho, la muerte asoma su cabeza por la puerta (nótese la sorpresa del enfermo: la muerte nunca se espera) y la batalla final empieza; una batalla que debe librar sin su armadura. Detrás de él hay un ángel rogando. Delante, ofreciéndole oro, acecha un demonio. Sobre la cama, expectante e interesado, mira otro demonio. El final de la historia queda abierto. Deseamos que el avaro renuncie a las vacías posesiones y acepte la verdad de la muerte.
La obscura visión de Grünewald
El último florecimiento del gótico llegó relativamente tarde con la obra del artista alemán Matthias Grünewald (su verdadero nombre era Mathis Neithart, o Gothart, 1470/1480-1528). Probablemente fue coetáneo de Durero, pero mientras que éste estaba profundamente influido por el Renacimiento, Grünewald lo ignoraba en su elección temática y en el estilo. Gran parte de su obra no se ha conservado hasta nuestros días, pero incluso con la pequeña cantidad que nos ha llegado, es posible ver en Grünewald uno de los pintores con más fuerza. Ningún otro artista ha expuesto jamás el horror del sufrimiento de una forma tan terrible y verdadera y, sin embargo, ha mantenido laconvicción de la salvación, cosa que El Bosco no consigue. Su Crucifixíó (arriba), parte del Retablo de lsenheim, ahora en Colmar, fue encargado para el monasterio antonino de lsenheim con objeto de dar apoyo a los pacientes del hospital del monasterio. Cristo aparece horrible, con la piel inflamada y llena de heridas provocadas por la flagelación y las torturas que ha sufrido. Esta era una imagen impactante para un hospital especializado en enfermedades de la piel.
La pequeña Crucifixíón (arriba), obra más accesible, nos compromete directamente con la muerte del Salvador. El Señor crucificado se inclina en nuestro espacio; nos aplasta, nos deja sin escapatoria y llena la pintura con su agonía. La inmensidad de la oscuridad y la montaña nos rodean, y solos con el dolor, nos vemos forzados a enfrentamos a la verdad. En el Antiguo Testamento se habla muchas veces de un «sufrido sirviente» , y en el Salmo 22 se describe como «un gusano y no un hombre»: cuando leemos esto pensamos en el Cristo de Grünewald. En su noble veracidad, el arte gótico alcanza una grandeza electrizante. |
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