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Estilo gótico internacional |
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por Milko A. García Torres Recopilación del libro "Historia de la pintura. Guía esencial para conocer la historia del arte occidental". Wendy Beckett. |
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La influencia de Simone Martini había llegado lejos. Abandonó Italia en 1340 o 1341 para trabajar en la corte papal, que entonces se encontraba en Aviñón, Francia. Su extremado refinamiento pictórico era del gusto de la corte. El estilo gótico internacional poseía un especial sabor cortesano y aristocrático infundido con una preocupación particularmente flamenca por el detalle naturalista y, a diferencia de varias tendencias del gótico temprano, tenía un carácter claro y unificado. Un buen ejemplo del verdadero estilo internacional es el Díptico Wilton (arriba) , que ahora se encuentra en la National Gallery de Londres. Esta obra exquisitamente delicada y tímidamente monárquica ha sido imposible de atribuir y difícil de fechar. De hecho, podría haber sido pintada en cualquier año durante el reinado de Ricardo II (1377-1399) y, lo que es más significativo -lo que da fe de que sin duda es de estilo internacional-, los expertos no se han puesto de acuerdo sobre la nacionalidad del artista, sólo coinciden en que pudo ser inglés, francés, flamenco o bohemio. El título de la obra no es original: estuvo expuesta en Wilton House, en el condado de Wiltshire (Inglaterra).
El arte de la miniatura de manuscritos continuaba siendo la forma de pintura predominante en Francia a principios del siglo xv. sin embargo, alcanzó nuevas alturas con las obras de los tres hermanos Limbourg, PoI, Hennann y Hennequin, exponentes del estilo gótico irlternacional. Provenían de Güeldres, una provincia de Holanda, pero trabajaron en Francia. Fueron los únicos pintores góticos, aparte de Ambrogio Lorenzetti, que disfrutaron de la ciudad y su ambiente, de su gente y sus gobernantes. Los hermanos Limbourg murieron repentinamente en 1416, a causa de la plaga. La obra maestra conjunta de los Limbourg, Les Tres Riches Heures (Las muy ricas horas), fue encargada por el coleccionista de manuscritos duque de Berry.
Cada mes está marcado con una escena encantadora, que muestra actividades propias de la estación. En agosto (arriba) vemos a los amantes de la corte de cacería con sus halcones, mientras que el gran castillo ducal brilla en la distancia y los campesinos nadan felizmente en el arroyo. La parte superior azul de la pintura muestra un hemisferio astrológico. Con su mezcla de refinamiento cortesano y de realidad cotidiana, esta miniatura es representativa de las muchas que aparecen en el libro.
El jardín del Edén (arriba) se pintó separadamente del resto de Les Tres Riches Heures y se insertó más tarde. Se trata de un gran círculo cerrado que muestra el mundo tal y como tenía que haber sido antes de que Adán y Eva cayesen en desgracia. La historia completa de la pérdida del Edén aparece ante nosotros. Finalmente, Adán y Eva son expulsados del Edén a una peligrosa y rocosa costa. La conciencia de tragedia de los Limbourg no es menos exacta por ser caballerosa en su forma. A pesar de toda su elegancia, son conscientes de que el dolor es nuestro destino humano.
Gentile da Fabriano
El arte gótico internacional tiene otro exponente en el artista italiano, viajero e influyente, Gentile da Fabriano (h. 1370-1427), que contribuyó a la expansión del estilo gótico intenacional a través de grandes zonas de Italia. Llena cada sector de sus grandes tablas con romántica actividad, y se recrea, con su detalle afectuoso, en la pura variedad de un mundo que no representa con demasiado realismo, sólo lo justo para que resulte convincente. Es un mundo de novelista, rico en intereses humanos y graciosamente tramado. La mayor parte de las obras de Gentile no han sobrevivido, pero ganó su reputación en vida. De las obras que todavía se conocen, la más extraordinaria es La adoración de los Magos (arriba). En esta escena, el gran número de personajes ofrece interés y animación constantes, pero sin crear confusión en la narración. Los Magos -los tres reyes de Oriente- han venido a adorar al Niño Jesús con todo su exótico séquito oriental: camellos, caballos, perros, enanos y cortesanos. Sin embargo, toda la atención se centra en la diminuta figura de Cristo, que abrazado por su madre se inclina hacia delante para posar una amorosa mano sobre la voluminosa cabeza del anciano rey arrodillado ante él.
Como hemos visto en El ángel y la Anunciación de Simone Martini, el elaborado y arqueado marco gótico, suntuosamente decorado, es una parte integral de la obra y guarda una relación directa con la estructura composicional. La adoración fue un encargo de Palla Strozzi, el hombre más rico de Florencia, para la iglesia de Santa Trinitá. La poderosa sensibilidad anecdótica de la obra de Gentile da Fabriano también se aprecia claramente en La presentación del Niño en el templo (arriba). El sagrado evento constituye la característica central de la pintura, pero en ambos lados la vida sigue, con dos majestuosas damas cotilleando y unos mendigos pidiendo limosna.
Pintor y medallista
La misma lucidez de Gentile se puede apreciar en su compañero, el artista italiano Antonio Pisanello (h. 1395-1455/1456). Durante décadas se creyó que casi todos sus frescos se habían perdido, pero, por fortuna, se han descubierto algunos en Mantua. Su tabla titulada La Virgen y el Niño con san Jorge y san Antonio Abad (arriba) muestra una extraordinaria confrontación. La casi salvaje tosquedad de san Antonio el Ermitaño, vestido con su manto marrón, contrasta con la sofisticación urbana de san Jorge, ataviado con las prendas más modernas, desde el amplio sombrero a las botas con elaboradas espuelas. (San Jorge no tiene halo, pero este detalle queda más que compensado por el sombrero.) Sin embargo, y a pesar de la extraña fascinación de estas dos santas figuras, en ningún momento nos deja olvidar Pisanello la importancia de la Virgen y el Niño. Están suspendidos en el aire, encerrados en lo que parece el círculo del sol, y son ellos los que integran y dan sentido a la escena.
La peste negra y el arte
Algunas obras de arte gótico muestran claramente el impacto del gran desastre medieval, la Peste Negra. Esta epidemia, probablemente una plaga de peste bubónica y neumónica, devastó Europa desde 1347 hasta 1351 y acabó con casi un tercio de la población. Muchos contemporáneos veían en la Peste Negra un castigo de Dios por la corrupción de sus fieles. Esto provocó una ola de entusiasmo popular, pero, por desgracia, no por la religión en sí misma, sino por el consuelo que aportan ciertas penitencias desmedidas, como la flagelación. Artistas como el Maestro de las Horas Rohan reflejaron en su obra su interés por la muerte y por el juicio. Por ejemplo, el terrible realismo de la miniatura El muerto ante su juez (arriba) contrasta poderosamente con las miniaturas de los Limbourg. Aquí, el artista anónimo muestra su decidido conocimiento sobre el significado y lo inevitable de la muerte. La obra, con su perspectiva arcaica y sus ambigüedades espaciales, parece más impresionante precisamente por estas cualidades. El horror de una muerte así se intensifica por la forma en que el cadáver cubierto de manchas y en descomposición llena el lienzo, como si estuviese cerca de nosotros, y es capaz de asombrar con sacro temor incluso al observador casual. La última oración del muerto aparece escrita en latín sobre un pergamino blanco: «En tus manos encomiendo mi espíritu; que me ha redimido, oh Señor, Dios de la verdad.». Dios sostiene un globo y una espada como símbolos de su poder y de su juicio supremo. En respuesta a las oraciones del muerto, contesta en francés: «Por tus pecados tendrás que cumplir penitencia. El día del Juicio Final estarás a mi lado». Las pequeñas figuras en la parte superior izquierda representan la lucha entre san Miguel, ayudado por su ejército de ángeles invisibles, y el demonio, que intenta llevarse el alma del muerto.
La seguridad sienesa
Existen otros ejemplos de obras de arte contemporáneas de estilo gótico internacional que parecen no verse afectados por el horror de la Peste Negra. En nuestros tiempos confusos y divididos, tenemos la sensación de que muchos artistas góticos gozaron de una seguridad interior terriblemente intensa. Quizá se trate de un toque de cuento de hadas, como sucede con el maestro sienés Sassetta (Stefano di Giovanni, 1392-1450), cuya tabla El encuentro de san Antonio y san Pablo (arriba) muestra la duradera influencia de los manuscritos ilumillados franceses. Los dos ermitaños, que se encuentran en un bosque, se abrazan como niños para reafirmar su amor. |
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