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Op Art y Arte Cinético |
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por Paola L. Fraticola Recopilación del libro "Movimientos en el Arte desde 1945" por Edward Lucie-Smith. |
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Cuando al pop art le sucedió, como fenómeno periodístico, el op art, hubo una tendencia natural de los periodistas a buscar la mayor cantidad posible de artistas op.De allí que se incluyera en esta categoría a artistas cuyo interés en los efectos ópticos era en realidad muy marginal. Una distorsión más seria consistió en presentar al op art como algo que había hecho una súbita aparición en escena, casi como lo había hecho el pop. De hecho, la pintura óptica, como la abstracción "hard edge", tenia profundas raíces en la tradición del Bauhaus, y es la consecuencia del tipo de experimentos que el Bauhaus alentaba en sus alumnos.
Si la pintura óptica de la posguerra ha de remontarse a una sola fuente, esa fuente incuestionablemente deberá ser Víctor Vasarely. Húngaro de origen y nació en 1908 .Primero estudió medicina, luego asistió a una escuela de arte convencional y finalmente, en 1928-9, fue estudiante de la academia Mühely, de Alexander Bortnyik, el Bauhaus de Budapest. Se afincó luego en Francia. Característicamente, Vasarely señala que fue durante este período en el Bauhaus de Budapest, que "el carácter funcional de la plasticidad" le fue revelado. Empezó como artista gráfico, y no fue sino hasta 1943 que se volcó a la pintura. Pero Vasarely estaba preparado para ir más lejos que la mayoría de aquellos que condenaron a la abstracción libre, proponiendo que miremos al artista simplemente como a un hombre que hace prototipos que pueden entonces reproducirse a voluntad: "el valor del prototipo no consiste en la rareza del objeto, sino en la rareza de la cualidad que representa". Vasarely siente que todas las artes plásticas forman una unidad y que no hay necesidad de dividirlas en categorías fijas, tales como pintura, escultura, gráfica o incluso arquitectura. Es natural, entonces, fijar la atención en su exploración de los efectos cinéticos, fuente de sus creaciones más originales. Es fácil ver la influencia de tal obra en sus contemporáneos, por ejemplo el alemán Günter Frühtrunk. El cinetismo era importante para Vasarely por dos razones: una es personal, el hecho de que, según nos dice, "la idea del movimiento me ha perseguido desde mi niñez"; y la otra es la idea más general de que una pintura que vive por medio de efectos ópticos existe esencialmente en el ojo y en la mente del espectador y no simplemente en la pared -se completa a sí misma cuando se la mira-. La necesidad de precisión en las obras de la primera categoría y el hecho de que las de segunda y tercera son en realidad máquinas, aunque sin embargo de un tipo muy simple, da al arte cinético un sobretono mecanicista. Parece estar en la frontera de un arte que es realmente producido por máquinas más que por hombres. Esto, sin embargo es una excesiva simplificación. En contraste con la obra de los pintores coloristas, la superficie no permanece inerte, sino que se ondula con energía muscular. La siguiente etapa en la pintura óptica está representada por obras que tienen un muy ligero relieve. A menudo esta dimensión adicional es usada para proveer planos de color, que se mueven a medida que el espectador cambia su posición en relación a ellos. Los "fisicromos" del venezolano Carlos Cruz-Diez son obras de esta naturaleza y también las del artista israelí Yaacov Agam. El principio empleado es casi como el que se podrá encontrar en algunos de los "cuadros sorpresas" hechos en la época victoriana, donde una imagen se remplaza sorpresivamente por otra, según el punto de vista que uno adopte.
En el límite del arte cinético, pero ciertamente muy próximos a la obra de Tomasello, están los relieves y esculturas del brasileño Sergio de Camargo. Camargo usa, para cubrir la superficies de sus obras, pequeñas unidades cilíndricas colocadas al azar e inclinadas, de manera que el plano en el extremo del cilindro nunca está orientado frente al espectador. La obra en sí está generalmente pintada de blanco, de manera que cada pieza se convierte en un intrincado juego de reflejos y sombras. Aquí también, como en la obra de todos los artistas sudamericanos que he comentado, parece haber un deseo de disolver todo lo sólido, todo lo pesado, en favor de un juego etéreo de luz y color. Distancias, planos y formas se vuelven ambiguos. A pesar de ser físicamente masiva, la obra parece ligera y flotante. Un efecto similar se puede observar en la obra del artista alemán Günther Uecker quien usa púas o clavos para quebrar sus superficies, produciendo así un aspecto diáfano, una superficie que no es verdaderamente una superficie. Podría pensarse que la ingravidez, como parte de la tradición cinética, nos retrotrae hacia Alexander Calder. Calder es un artista que, aun cuando aparenta ser de poco peso en casi todos los sentidos, resultó tener una poderosa influencia en el arte de su época. Calder exhibió sus móviles por primera vez en los años treinta -la idea original vino de un divertido y delicado circo de juguete que había construido, pero los móviles en sí, con sus costados brillantemente pintados, conectados por ejes y cables, parecen haber tomado una cantidad de ideas de las pinturas de Miró, hipótesis confirmada por la naturaleza- Miró de los dibujos de Calder.
Pero había una diferencia importante -la disposición de las formas en un móvil de Calder es siempre provisional, ya que cada chapa se mueve en una nueva relación con las otras. Las posibilidades del objeto son, por supuesto, gobernadas por factores tales como los varios puntos de equilibrio, el largo de los cables y el peso de las chapas. La caprichosidad organizada que produce este sistema es una cualidad extremadamente característica del arte cinético de posguerra. Además de hacer móviles, Calder construye lo que él llama estables, de los cuales algunos de los más grandes no incorporan ninguna parte móvil. Son un eslabón inesperado entre la obra de Calder y la de escultores como David Smith y Anthony Caro. Mientras tanto, Calder, aun en los móviles, permanece considerablemente más inventivo que otros artistas que hacen esculturas, empleando los mismos principios. Basta con comparar, por ejemplo, los móviles de Calder con las piezas mucho más complicadas de George Rickey. En realidad, las obras de arte accionadas por máquinas no son tan novedosas como parecen ser. Aun si es innecesario traer a la discusión cosas tales como las fuentes de Versalles, la escultura mecánicamente accionada es algo que se puede rastrear por lo menos hasta principios de 1920. Tiene ascendencia tanto constructivista como dadaísta. Ya en 1920, Naum Gabo hizo una escultura que consistía en una sola varilla vibrante. Duchamp y Man Ray, en el mismo año, produjeron el "rotorrelieve", una plancha de vidrio circular que, al girar, formaba un diseño ilusorio. Gruñen y tiemblan y uno sospecha que a menudo tienen funciones y fallas que no fueron previstas por el autor cuando las ideo originalmente. De hecho han sido roturadas "pseudomáquinas", porque se mueven sin una función. O a veces tienen funciones que implican un comentario satírico. Tinguely ha hecho máquinas que producen dibujos expresionistas abstractos, por ejemplo. Quizá la más famosa sea la máquina autodestructiva que hizo para el Museo De Arte Moderno de Nueva York en Marzo de 1960, y que provocó un famoso escándalo.
Desde las máquinas de Tinguely, algunas de las cuales en realidad se mueven por el piso, hay sólo un corto paso a cosas tales como los robots deliberadamente desvencijados creados por Bruce Lacey y Nam June Paik. Por ejemplo, Lacey declara que pretende que sus robots simbolicen el compromiso humano en el moderno medio ambiente tecnológico.
Algunas de sus obras más interesantes son aquellas que emplean los principios del magnetismo. En los Ballets magnéticos, por ejemplo, dos imágenes están suspendidas del techo por hilos. Sus Máquinas se revuelven cautelosamente, más que moverse en una manera muy decisiva o positiva. Un conjunto de pequeñas esferas en un plano inclinado se entrechocan y se mueven hacia a arriba con tironcitos casi imperceptibles, en vez de rodar hacia abajo como uno podría esperar. Puñados de agujas o antenas ondulantes crujen al mismo tiempo. Sin embargo, el movimiento es sólo parte de lo que la obra tiene que decir. Los más lentos tienen una presencia formal que nos sorprende , aun antes de que nos demos cuenta de que, de hecho, se están moviendo. No ocurre lo mismo con cualquiera de las invenciones de Takis cuando se desconectan.
En general, la luz a sido el medio favorito de muchos artistas cinéticos. La forma en la que se utiliza difiere ampliamente de un artista a otro. El alemán Heinz Mack, por ejemplo, usa una mecanización del principio Moiré. Un disco que rota debajo de una superficie de vidrio transparente y uniformemente ondulada hace ambigua a la propia superficie. No es tanto el movimiento en sí lo que retiene nuestra atención, sino la lenta interferencia de los rayos de luz que se reflejan hacia nosotros desde la parte de atrás; parecen atraídos hacia un vórtice, luego esparcidos hacia afuera de nuevo. Por otro lado, el norteamericano Frank Malina, hace cajas de luz donde plantillas coloreadas, constantemente cambiantes, seproyectan sobre una pantalla de plexiglás. El resultado es una mera extensión de la abstracción libre: un cuadro que nunca llega a su estado final porque está constantemente pasando por un proceso de metamorfosis. Schöffer es un artista barroco. Su obra gira y destella, proyectando rayos de luz y refracciones titilantes. Combina el movimiento de una pieza de escultura cinética con proyecciones luminosas que extienden profundamente el movimiento en el espacio. La totalidad del volumen de aire que rodea la escultura se convierte en una entidad ambigua. Schöffer, a veces, ha ido más lejos al producir obras que reaccionan con la intensidad de la luz y con sonidos. También ha experimentado notablemente con combinaciones de luz, movimiento cinético y música en la torre de luz y sonido que construyó en la ciudad de Lieja (Bélgica), en 1961. Trabajos de esta clase parecen traducir a términos contemporáneos los experimentos del Siglo XVII; algunos emprendimientos de Schöfer son el equivalente actual de las máscaras ideadas por Ben Jonson e Iñigo Jones, para la corte de los Estuardo. Sus ambiciones son ambientalistas. Pretende bombardear al espectador con nuevas experiencias. Los más grandes triunfos logrados por los artistas cinéticos han tenido lugar en grandes exhibiciones colectivas, tales como la de "Luz y Movimiento" que tuvo lugar en el Museo de Arte Moderno en Paris en el verano y otoño de 1967. Aquí el mero número de artistas y la naturaleza espectacular de algunas de las obras expuestas, tendería a disfrazar la extrema limitación de muchas de las contribuciones individuales.
Le Parc crea artefactos que pertenecen en parte al laboratorio y en la parte a la feria de diversiones. Son experimentos con mecanismos y también experimentos con la psicología del espectador. Espejos, lentes distorsionantes, bolas que ruedan por complicados laberintos -ha utilizado todas estas cosas. Le Parc es un minimista, en el sentido de lo que él hace jamás es demasiado riguroso o demasiado serio-. El espectador se torna colaborador; no es invitado a leer un significado en lo que ve, sino a reaccionar. En este sentido, Le Parc es el equivalente de Johns o Cage en Norteamérica.
Morellet es más severo. Su obra más conocida es la Sphére-trames (Esfero-Tramas), una esfera hecha con barras colocadas en ángulos rectos para formar una estructura celular que, por medio de sus múltiples perpesctivas, tiene extraños efectos sobre la luz. Una obra afín es el entramado de tubos fluorescentes, que parece disolver la pared detrás de él. Morellet también es un artista cuya obra está relacionada con la de los minimistas de Norteamérica. Cualesquiera que sean las razones para esta falta de sofisticación técnica, las pretensiones de los artistas cinéticos, en el sentido de que estaban produciendo "arte para la era tecnológica", deben ser tomadas con pinzas. Sería más justo evidentemente, decir que el repentino surgimiento del arte cinético en la década del cincuenta y a principios de la del sesenta, representaba una especie de nostalgia por la tecnología, más que una presencia de la tecnología en sí. Siguió luego un verdadero compromiso tecnológico, pero lentamente y con dificultad. El problema está en que la similitud se encuentra más a menudo con los productos de los abstraccionistas libres, que con los de cualquier artista con una declarada dedicación a la ciencia. Lo que uno ve no es la influencia de la ciencia sobre el arte, sino la de los artistas sobre los científicos. Las más bonitas macrofotografías carecen a menudo de sentido desde un punto de vista estrictamente científico, y la razón para tomarlas es estética. El arte a enseñado al fotógrafo a mirar su tema de una cierta manera, ha hecho de su apariencia algo con significado para él. Una de las más prominentes características de la historia de la fotografía es la tendencia del hombre que está detrás de la cámara, a ser influido por cualquiera que sea el estilo de pintura dominante en ese momento. Es así como las fotografías tomadas por los fotógrafos del círculo de los prerrafaelistas, tienden a ser similares a las pinturas de Rossetti o Millais. Otro aspecto de la relación entre el arte y la ciencia ha sido representado por el "arte de computadora", experimentos hechos para descubrir qué se podía programar en las computadoras para que éstas lo hiciesen, y también qué se les podía persuadir que hiciesen si ciertos elementos se introdujesen al azar en la programación. Hasta dónde una computadora puede realmente hacer arte es una cuestión en discusión. Una autoridad en la materia dice: "la computadora es usada como una herramienta para el espectador y artistas; no produce arte, pero es usada para manipular pensamientos e ideas que podrían llamarse arte". Lo que produce en el presente, ciertamente, en el campo de las artes visuales en oposición al de la música, tiende a ser sin interés. Existe, sin embargo, la posibilidad de que el interés por las computadoras extienda eventualmente las capacidades del artista visual, al forzarlo a pensar de nuevas formas. Al analizar las ideas, de manera de que puedan alimentar a la máquina, el artista está efectuando un proceso de pensamientos más rigurosos que aquel al cual quizás esté acostumbrado. Una vez programada, la computadora efectúa los procesos que se le han pedido que haga con una lógica sin falla. Puede hacerse que la misma presente tantas alternativas diferentes como las que desee el usuario, y los análisis del producto terminado pueden almacenarse para su futuro uso. Como herramienta para ahorrar trabajo, la computadora abre un campo mucho más amplio en las operaciones en las que interviene el azar, simplemente porque trabaja mucho más rápidamente y con mucha más seguridad que la que el artista puede esperar de él mismo. En este sentido, puede decirse que la computadora extiende la idea de libertad, que se encontraba en la obra de artistas tales como Pollock y Louis, a la esfera intelectual así como a la física. Pero la totalidad de sus potencialidades no será probablemente comprendida hasta tanto el operador pueda sentirla como parte de una extensión de su propia mente, así Pollock consideró a la pintura y a la tela, trapos y pinceles, como extensiones de su propio cuerpo. |
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