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El corpus platónico.
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por Paola L. Fraticola |
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Posteriormente, Platón abordó todos los problemas estéticos fundamentales, y algunos de ellos los estudió en profundidad. Las cuestiones planteadas por él y los argumentos que adujo son muy variados y sutiles. Se hallan dispersos en sus diálogos, pero los análisis más importantes aparecen en a) lón, el Banquete y la República, que corresponden a sus escritos de juventud, al período anterior a la Academia (hacia 399?387 a.C.); b) en el Sofista y las Leyes, elaborados al final de su vida (hacia 367?348/347 a.C.), y c) en el Fedro, redactado entre esos dos períodos. Aunque quizá no sea de Platón, el Hipias Mayor es muy platónico y parece inspirado en él'.
Cuando hablamos hoy de la estética de Platón, nos referimos a sus ideas filosóficas en torno a las bellas artes sobre las que reflexiona: artes visuales (pintura, escultura, arquitectura), artes literarias (épica, lírica, poesía dramática) y artes con intervención musical (danza y canto). Platón no les asigna un nombre especial; para él, entran en el concepto más genérico de "destreza" (tecne), que incluye cualquier clase de destreza, manual o de otro tipo, desde la habilidad en el trabajo de la madera a la habilidad política. En el Sofista (265?266), las habilidades se dividen en "adquisitivas" y "productivas", subdividiéndose estas últimas en: 1) productivas de objetos reales, tanto de origen humano como divino (plantas y elementos hechos por los dioses, casas y cuchillos hechos por los hombres), y 2) productivas de "imágenes" (eidola), que también pueden ser humanas o divinas (reflexiones y sueños de los dioses, realizaciones pictóricas de los hombres). Las imágenes, que imitan pero no pueden desempeñar la función de sus originales, se subdividen ulteriormente: el imitador puede llevar a cabo a), una representación genuina (eikon), con las mismas propiedades de su modelo, o b), una representación aparente, o apariencia (phantasma), que sólo se parece al original (como cuando el arquitecto hace las columnas más gruesas en la parte superior para que no den la sensación de estrecharse. Se trató de una falsa imitación, de apariencias engañosas. Sin embargo, Platón encuentra esta distinción difícil de mantener, por ser esencial a cualquier imitación el que en algún modo difiera de su original; si fuese perfecta, no sería una imagen (eidolon), sino otro ejemplar de la misma cosa, otra cama o cuchillo'. Así pues, toda imitación es en cierto sentido a la vez verdadera y falsa, posee a la vez ser y no ser. 1.2. IMITACIÓN El término "imitación" (mimesis) es uno de los más problemáticos en la estética de Platón, porque su denotación se ensancha y contrae incesantemente con el movimiento de la dialéctica; y otro tanto ocurre con la de sus sustitutos y sinónimos, methexis (participación), homoiosis (parecido) y paraplesia (semejanza). Si, en cierto sentido, todas las cosas creadas son imitaciones de sus arquetipos eternos o "formas", Platón parece considerar también las representaciones pictóricas, los poemas dramáticos y los cantos como imitaciones en un sentido más estricto: son imágenes. Es esto lo que sitúa a las artes en el segundo grado de alejamiento de la realidad de las formas, en el más bajo de los cuatro niveles de conocimiento, la eikasia (conjetura). Algunas obras de arte, sin embargo -y Platón habla a veces como refiriéndose a todas ellas-, son imitativas en el sentido más peyorativo, como apariencias engañosas en el Libro X de la República, dice que el pintor representa la cama no como es, sino como aparece. Esto es lo que le sitúa en la "tribu de los imitadores"' y lo empareja con los pseudo artífices', que no poseen una habilidad auténtica, como las medicinas, sino una pseudo habilidad o destreza (tribe), como los cosméticos, que nos dan una apariencia de salud más que la salud misma. 1.3. BELLEZA Por. este camino, Platón aborda una cuestión de suma importancia para él como metafísico: ¿Deben las artes contener o ser vehículos de conocimiento? Antes de abordar esta cuestión hay que considerar otra. Si el arquitecto, como realizador de apariencias, cambia la realidad para hacerla más agradable a la vista, ¿por qué lo hace? Busca aquellas imágenes que han de parecer bellas. Esto constituye otro hecho básico en torno a las artes. Según Platón, las artes pueden encarnar o materializar en diversos grados la cualidad de la belleza. La belleza de las cosas concretas puede cambiar o desaparecer, puede ser patente a unos y no a otros; pero, más allá de esas, temporales encarnaciones, hay una eterna y absoluta forma de belleza. Su existencia puede demostrarse dialécticamente, como la de las otras formas; pero, según Platón, su conocimiento directo hay que intentarlo a través de las bellezas parciales y más débiles patentes a los sentidos, resultando en todo caso de más fácil acceso que las otras formas. ARTE Y CONOCIMIENTO El conocimiento (episteme), en cuanto distinto de la mera opinión (doxa), es una captación de las formas eternas; cosa que Platón niega claramente a las artes, en cuanto imitaciones de imitaciones. Y así, el poeta aparece colocado en el sexto nivel de conocimiento en el Fedro ; y de Ión se afirma que interpreta a Homero no con "arte o conocimiento", sino de manera irracional, por ignorar lo que dice o el por qué pudo estar en lo cierto o equivocado. Por otra parte, una obra de arte encarnadora de belleza, guarda cierta relación directa con una forma. Y si el artista inspirado por las Musas es como un adivino en su desconocimiento de lo que está haciendo, puede tener una especie de intuición de que va más allá del conocimiento ordinario. Su locura (mania) puede deberse a la posesión por una divinidad que le inspira lo verdadero. Más aún, puesto que las artes pueden ofrecernos auténticas semejanzas, no sólo de apariencias, sino de realidades, e imitan incluso el carácter o personalidad moral del alma humana, es posible, y hasta obligatorio, juzgarlas por su verdad o su semejanza con lo real. El juez competente, especialmente en la danza y el canto, debe poseer, "primero, un conocimiento de la naturaleza del original; después, un conocimiento de la exactitud de la copia; y en tercer lugar, un conocimiento de la perfección con que la copia es ejecutada". ARTE Y MORALIDAD La habilidad suprema, para Platón, es el arte del legislador y el educador, que deben decir la última palabra acerca de las artes, porque están llamados a garantizar que ellas desempeñen el papel que les corresponde en el engranaje de todo el orden social. El primer problema consiste en descubrir qué efectos producen las artes en los hombres, y este problema tiene dos aspectos. En primer lugar, está la delectabilidad del arte. Por un lado, precisamente en cuanto dotada de belleza, los placeres que el arte ofrece son puros, sin adulteración, inocuos, a diferencia del placer de rascar una zona que nos pica, pues va precedido y seguido de incomodidad. Mas, por otro lado, la poesía dramática implica la representación de personajes carentes de dignidad, que se comportan de forma indeseable (ahuecando la voz o gimiendo) e inducen al auditorio a la risa o el llanto inmoderados. De ahí que sus placeres hayan de ser condenados, a causa de sus perniciosos efectos sobre el carácter. En segundo lugar, si consideramos esta tendencia de las artes a influir sobre el carácter y la conducta, advertimos nuevamente dos aspectos. En la República y en las Leyes, Platón deja muy en claro su convicción de que la imitación literaria de la mala conducta es una invitación implícita a imitar dicha conducta en la propia vida. Por ello, las leyendas de los dioses y los héroes que se conducen inmoralmente, han de excluirse de la educación de los jóvenes guardianes de la República, mientras que los relatos donde los dioses y los héroes se comportan como debieran, sí que necesitan ser encontrados o escritos. También la música compuesta en modos enervantes debe reemplazarse por otra más adecuada. |
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