Durante milenios el hombre intentó dar una explicación acerca del arte.
Hay miles de explicaciones. Unas acuerdan, otras se oponen, contradicen o niegan.
Y así podemos abordar la cantidad de explicaciones que se nos ocurra.
Seguimos aun queriendo dar una respuesta al interrogante sobre el arte.
Pero muchísimos milenios antes que estos miles de años de explicaciones hubo un hombre, uno, primero, que en ese día no le importó que comería ni con qué se abrigaría ante el frío de la noche; porque tuvo una necesidad distinta. Entonces corrió hacia el muro de la cueva y plasmó una imagen. Fue el comienzo de todo.
Tal vez una puesta de Sol, la lluvia, el color de las hojas por lo que después diríamos Otoño, la mirada de alguno de sus cercanos, quizás un dolor o una alegría lo impulsó a saber que había algo distinto. Pero necesario. Y esa necesidad fue la distinción.
Una distinción llena de todos.
Entonces Hölderlin diciendo: "Puesto que existimos como lenguaje. Y podemos oírnos los unos a los otros".
¿Qué llevó a aquel hombre a modificar la pared de la cueva imprimiendo en ella una imagen que aun hoy nos sigue asombrando, llenándonos de emociones?
Porque después de milenios hablamos, discutimos, proponemos cantidades de argumentos sobre si la obra es el trabajo que el artista hizo o si es en verdad el producto de algo concebido previamente.
Pero aquél; aquél primero ¿Qué? ¿Cómo? ¿Para qué? Pues no había nada antes. No había intelecto ni memoria, ni inconsciente colectivo, ni la posibilidad de hacer la obra a la manera de, o interpretando a...
No. No era factible algún afano, o robo, o como quieran decir ustedes, respecto de la imagen de otro.
No existían críticos para sostener con argumentos de la razón lo que en verdad se sustenta con solo percibirlo, mirarlo y emocionarse; solo se sostiene con la razón del sentimiento.
No había marchands que se ocupen de "mover" la obra ni tampoco existía la posibilidad de revistas especializadas en las cuales uno paga la nota y figura como un tipo interesante dentro de la plástica nacional con epítetos como: "novedoso", "audaz", "espontáneo", como si esto hiciese a la obra de arte o mejor dicho al artista.
Si tomamos a Antón Bruckner el pobrecito ni siquiera tendría acceso para escuchar uno de sus conciertos dado su total opuesto a estos términos anteriormente entrecomillados.
Ni que hablar de Jacob Wassermann, con una timidez casi patológica, su falta de sentido de la "realidad" diaria, su despreocupación en cuanto a las cosas que le interesan a las personas "prácticas".
Quiero decir con esto, que allá lejos y hace tiempo no existía alguien que le dijese al cavernícola que su obra era "estupenda", "graciosa", "divertida" o cualquier estupidez con la que hoy en día se cualifica a la obra de un artista.
Y que no necesariamente un artista tiene que ser novedoso, audaz ni espontáneo.
Pregunto: ¿Qué cosa misteriosa hizo que Aquél Primero tuviese la necesidad de grabar su imagen?.
Cuando Rodin creó El Pensador, alguien le observó lo forzado de la postura, ese brazo derecho apoyado sobre la pierna izquierda y el maestro respondió: -"¿Se imagina usted lo que habrá sido el primer pensamiento del primer hombre?.¡Qué momento! ¡Cuánto esfuerzo!".
Qué momento, que instante de eternidad cuando ese pensamiento quedó impreso en la roca para los tiempos.
Un pensamiento libre. Porque aquél hombre nació libre; libre en su espíritu.
Milenios después tuvimos que decir: "La liberación del hombre debe comenzar por la liberación espiritual". Y Bretón tuvo que aconsejar: " "El vertiginoso descenso al interior del espíritu".
Quizá San Agustín, nacido el trece de noviembre del año Trescientos bajo el signo de Escorpio, pueda ayudarnos en algo; escuchemos: "Pero Señor. ¿De qué modo hicisteis el Cielo y la Tierra? ¿Cuál fue la máquina de que os servisteis para una obra tan grande?. Porque Vos no hicisteis todo a modo de que el artista hace sus obras, valiéndose de un cuerpo para formar otro cuerpo, comunicándole aquélla figura que el alma voluntariamente y por arbitrio suyo ha trazado en su interior y mirándola con su vista intelectual, consigue en algún modo trasladarla al exterior.
Pues aun esto. ¿Cómo lo podría hacer el alma si Vos no la hubierais hecho a ella?. Fuera de que el alma no imprime aquella forma que tiene imaginada, sino a un cuerpo exterior que ya existía y que tenía su ser substancialmente perfecto como v.gr. a la tierra, a la piedra, al leño, al oro o a otra cualquier materia semejante. ¿Y acaso existirían estos cuerpos, si Vos no los hubierais creado?. Vos, Señor, hicisteis aquel cuerpo de que consta el Artista y el alma que manda y hace trabajar a los miembros de su cuerpo y también la materia en que trabaja y hace alguna cosa; Vos le disteis el ingenio con que aprendiese aquel arte, y conque pudiese ver trazada en su interior la misma obra que él hace y trabaja afuera; Vos le disteis los sentidos corporales por cuyo medio pasa desde el alma a la materia no solamente la idea de aquella obra que exteriormente trabaja, sino también vuelve desde la obra a lo interior del alma la noticia de lo que exteriormente ha trabajado y hecho, para que ella consulte a la Verdad Interior que tiene adentro de sí misma y la preside y gobierna, a ver si está bien o mal hecha aquella obra.
Todas estas cosas os alaban y reconocen como Autor y Creador de todas ellas. Pero ¿Cómo las hicisteis?.¿De qué modo, Dios mío, hicisteis el Cielo y la Tierra?.
Bien cierto es que no hicisteis el Cielo y la Tierra ni en el Cielo ni en la Tierra, ni tampoco en el aire o en las aguas; porque también estas cosas son una parte del Cielo y de la Tierra. Ni el Mundo Universo hicisteis en el mismo Universo Mundo; porque no había donde hacerle, antes de hacerle para que lo hubiese.
Ni teníais cogida en vuestra mano alguna cosa para formar de allí el Cielo y la Tierra; porque ¿De dónde habría de haber venido aquella materia que Vos no hubieseis creado, de la cual hicisteis alguna cosa?. Ni ¿Qué cosa hay que tenga ser alguno que no sea derivado de Vuestro Ser Verdadero?.
Conque Vos solamente dijisteis que fuesen hechas todas las cosas; y con decirlo, todas fueron hechas". (PS 32,9.)
Qué cosas dice este Agustín.
Mientras escucho en el recuerdo al Maestro Adolfo de Ferrari diciéndome: "Con la razón no se pinta, con el alma sí".
Puedo colegir entonces que la creación artística no es un acontecimiento dado e inmutable. Es más bien un proceso, un camino, una diaria mutación.
Y sucede lo mismo con el espectador.
Aquel grito de Munch es ahora nuestro grito, en nuestro tiempo, en nuestra circunstancia.
Es un absoluto.
"El Grito". De Edward Munch.
La inmensidad del artista atraviesa los tiempos.
Por ello es que podemos conmocionarnos frente a esa obra sideral, agobiarnos, sufrir ante ese eco constante y permanente que concentra el dolor de la humanidad toda.
Porque no es el grito de un hombre, sino el de todos los hombres.
Ahora bien: ¿Cuándo el cavernícola plasmó el bisonte, que fue lo que sucedió?
Me hago esta pregunta casi a diario, tratando de recibir la energía de una respuesta que me conecte con aquél hombre, que me diga cual fue su maravilloso sentimiento ante la inmensidad del asombro.
Quizá encuentre algo recorriendo las distintas historias de algunos artistas que me preceden, que vivieron en los últimos dos siglos, los artistas que de algún modo se "metieron" en otras formas de cuevas, se metieron dentro de sí, aislándose, para expresar sus sentimientos y paradojalmente conectarse con el mundo.
Vlaminck en algún momento nos dice: "Ser artista no es una profesión; Tampoco lo es ser anarquista, enamorado, soñador. Ser artista es un caso de la naturaleza".
O escuchemos a Klee cuando dice que el artista debe transformarse en una especie de "médium" en comunicación con las entrañas de la naturaleza.
"Así como no podemos rechazar los "fenómenos" más extraños de la naturaleza, tampoco podemos rechazar los "fenómenos" producidos por el artista: sería como sí rechazáramos la propia naturaleza. ¿Qué artista no quisiera habitar allá donde el órgano central del tiempo y del espacio -no importa que se llame cerebro o corazón- determina todas las funciones. En las entrañas de la naturaleza, en el fondo primitivo de la creación, donde está guardada la clave secreta de todo?."
Que curioso. Siempre hay que estar aclarando estas vueltas al alma, a la naturaleza, como si nadie comprendiera que con la expresión artística ya se dice todo lo que hay para decir, pues el arte es directamente un "hecho" de la naturaleza. El Arte es la Causa Primera.
Me remito a los veinte o veintitrés mil años atrás y observen bien que digo veinte o veintitrés mil, como si nada, en apenas dos renglones. Doy tres mil años de diferencia y es todo lo que va desde el inicio del cristianismo hasta fines del tercer milenio para el cual faltan aun mil años más.
Pregunto: ¿Cuáles serán las obras y los autores que lleguen hasta los tiempos por venir?.
Miremos en rededor y hagamos un esbozo nada más de juicio valorativo y nos daremos cuenta que muchos de los que hoy se llaman artistas no llegarán ni siquiera hasta mediados o fines del siglo que acaba de comenzar.
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