Sección 01 Cómics
La Tía Vicenta, la joya de la familia.
Imagen de la D.G. Paola L. Fraticola

por Paola L. Fraticola
Contenidos extraídos de la revista "Especiales del siglo XX"
del Diario La Nación.(Argentina).

 

 

 

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Juan Carlos Colombres, Landrú, provocó un cambio total, que todavía persiste, en el modo de hacer humor. Si hubiese sido por quienes pusieron la plata para hacerla, Tia Vicenta no hubiera existido. Ellos querían un nombre más apto para una revista de humor. Algo como Cara y ceca, De la ceca a la meca o, llegando al límite, La vida en solfa.

Tía Vicenta debe tener el récord en materia de cambios: en sucesivas etapas, salió sola o como suplemento del diario El Mundo. O como Tío Landrú, aunque más o menos la idea era la misma. Tuvo un revival no del todo feliz en tiempos del Proceso. Como si esto fuera poco, a la revista le gustaba disfrazarse de otras revistas. Un buen día, la tapa recordaba a Life; otro, a Pravda; otro, a un magazine de modas. Todo valía para la troupe de Landrú, menos la rutina.

Pero Landrú, Juan Carlos Colombres, encontró un argumento providencial para convencerlos. Les dijo que lo que proponía tenía muchos usos posibles. Si aumentaba la cantidad de páginas, se podía poner como título: Tía Vicenta engordó; si salía en colores, Tía Vicenta se pinta, y si tenía líos con la censura, A Tía Vicenta la encarcelaron. La verdad es que Landrú usó ese recurso de forma increíblemente creativa. Cada tapa de su revista, era una sorpresa. Durante una crisis económica, cambió el nombre por el de Carestía Vicenta (3 de abril de 1966). Cuando se rumoreaba por enésima vez que Perón volvería al país, le puso Tía Vicenta en el Exilio, y agregó una banda en la que se leía: Edición clandestina (29 de abril de 1963).







El día que se le ocurrió dedicar la edición a travestis de todo tipo, tituló: Tío Vicente, con una fuerte linea de bajada: ¡Hemos cambiado de sexo! En ese número (23 de julio de 1962), además de trucar todas las fotografías para presentar en sociedad a los políticos de la hora como damas (Artura Frondizi de Poggi, Alfreda Lorenza Palacios, Oscarina Alende y Alvaro Carlota AIsogaray); invirtió a sus célebres personajes. Mirna Delma, la señorita cursi, se llamó Mimo Delmo,y el inefable señor Porcel se transformó en señora.

El propio Landrú se transformó en Landrunelle, y un hipotético secretario de redacción editorializó en contra de la idea, en la página 3: "¡Ustedes son una manga de degenerados! Desde Landrunelle hasta el cadete, que ahora pretende llamarse Sofía. Prefiero desfallecer en mi gélida buhardilla antes que compartir los últimos años de mi azarosa vida con tan siniestros infraseres. Si hasta nuestro administrador, un hombre al que por su avanzada edad consideraba yo persona sensata y afín con mis inclinaciones juiciosas y respetables, se ha trocado en la señorita Ferdinanda Rampolda y anda por ahí haciéndole caídas de ojos al ascensorista y a los peones de limpieza!" A veces, la Tía llegaba disfrazada de otras revistas: De La Chacra, con una jirafa parecida al ex presidente Arturo Frondizien la tapa. Ode Pravda, o de un clásico norteamericano: Tía Vicenta del Reader's Digest. Era la época en: que podían pasar cosas y pasaban. Buenas, como esa alegría irreverente que permitía inventar noticias ("Se venderá el Congreso en propiedad horizontal", 4 de junio de 1962) y malas, como la clausura dispuesta por el genéral Onganía, las idas y vueltas, las presiones.

Tía Vicenta fue la revista de humor más importante que tuvo la Argentina. Tal vez no en términos de venta, pero seguramente sí como usina de talentos y por su repercusión, aquí y afuera, "La única restricción que existía en Tía Vicenta era no insultar, fue una redacción abierta. Muchos comenzaron a publicar allí y hacían notas escritores que no eran humoristas. Quino, Miguel Brascó, Fontanarrosa, Sábat y Bróccoli se iniciaron en Tía Vicenta. Copi me trajo su primer dibujo a los 16 años. Hasta Frondizi me envió un texto, que firmó Juan Domingo Cangallo", cuenta hoy día Landrú.

Cada personaje de Landrú tiene un espejo en Ia vida real.. "El señor Porcel era mi padre, gran discutidor de mala fe. Una vez sacó un crédito para comprar un traje en Casa Muñoz, y cuando el vendedor le pidió que firmara el formulario, él empezó a exigirle que firmara él también. Como el empleado se negaba, le dio un trompazo y se fue indignado, despotricando contra ese negocio en el que no había seriedad", dice Landrú. El domingo 6 de mayo de 1962, The New York Times le dedicó un artículo tan extenso que hoy sería la envidia de Menem. "Una revista argentina se ríe de la crisis política", decía el título, y comentaba: "Tía Vicenta usa su libertad hasta el máximo. Sus embestidas más profundas son para los militares. Al informar sobre e fabuloso ataque a la Casa de Gobierno, la revista dijo que las tropas habían sido valienternente conducidas por su general, desde la retaguardia..."







Sola o como suplemento del diario El Mundo, Tía Vicenta salia desde el 20 de agosto de 1957 hasta el 17 de julio de 1966. No hay que contar el fugaz retorno en época de Videla, tal vez la menos propicia para gracias en toda nuestra historia. Por la revista pasaron, entre muchísimos otros: Oski, César Bruto, Alberto Breccia, Caloi, Quina, Blanca Cotta, Siulnas, Jaime Potenze, Conrado Nalé Roxlo, Copi, Miguel Brascá, Gerardo Sofovich y María Elena Walsh. Toda una mezcla. Además de los dibujos y las fotos con trampa, estaban los campeonatos (como el de mersas, ganado en alguna ocasión por el hoy candidato a vicepresidente de la Nación Ramón Ortega), las falsas biografías y los premios de 300.000 pesos a quien lograra resolver crucigramas que pedían, por ejemplo, en la 14 horizontal la definición para "contraer matrimonio con una señora gorda, Matilde".

Tía Vicenta es una fuente inagotable. Acá mostramos sólo algunas gotas, más un par de: dibujos originales que con enorme gentileza nos hizo Landrú para este número especial. Quienes quieran más deberán darse a la caza de ejemplares en librerías de viejo o conseguir la magnífica historia realizada por Edgardo Russo para Espasa. Otra cosa no tenemos, de momento. Ni nada parecido, aunque parezca mentira. En mañanas especialmente tristes, los sobrinos extrañamos mucho. A veces nos sorprendemos hablando solos mientras un hilo de baba cae por nuestras mejillas como si fueran las de Jacinto W., el Reblán: Volvé, Tía Vicenta, la familia Se ha quedado sin joyas.

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