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Ilustración: algunas características del dibujo(II).
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por Milko A. García Torres |
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El dibujo: En este apartado nos ocuparemos de algunos aspectos del dibujo a plumilla, y en particular de dos: la modulación de la línea y la relación contorno-relleno. Es posible que parezcan dos problemas muy técnicos, propios del dibujante: pero han sido elegidos entre los demás en este campo de indagación precisamente por el interés desde el punto de vista del lector. El modo en que es modulada la línea de contorno (gruesa o fina, curva o quebrada, etcétera) es determinante para el efecto de conjunto de la historieta en el cómic, como también en la ilustración. Establecer las diferencias entre las diversas modulaciones de línea nos pone en condiciones de entender algunas características fundamentales de las imágenes: entre ellas, su dinamicidad o estática, los efectos infantiles y los pictóricos. Lo mismo se puede decir por lo que se refiere a la configuración. La ausencia o presencia de relleno, el uso del negro y de la trama y no de sombreados, la densidad o la dilatación de los rellenos, son todos aspectos que el lector puede observar fácilmente y le ofrecen indicaciones preciosas sobre cómo se crea el efecto emotivo y narrativo general, aplicadas a la imagen única de la ilustración y a una viñeta, entre las demás, del cómic. Antes de iniciar nuestro discurso sobre la línea, como antes
de iniciar cualquier otro sobre las imágenes, es necesario recordar
un aspecto de la representación por imágenes (pero también
de cualquier otra representación) que a menudo no se tiene
presente en la lectura y en el análisis. He llevado el problema mucho más allá; pero esto me puede
ayudar a dar una idea de lo que separa verdaderamente una
imagen de la realidad. No es que la imagen sea en sí menos
real que la realidad (la hoja de papel y la tinta, y las formas así
compuestas son absolutamente reales), sino que la imagen es
un signo de la realidad, es una realidad que remite a otra realidad. Ésta y sólo ésta es la diferencia fundamental; pero de esta
diferencia fundamental dependen muchísimas consecuencias.
Respecto de la realidad a la que esta imagen remite, ¿qué hay de menos? Naturalmente
una infinidad de cosas, entre otras, la tridimensionalidad, el
color, el movimiento, y un número infinito de detalles. ¿Y qué hay de más? Bueno, por ejemplo, una serie de líneas negras que
forman el contorno, que en la realidad no existen, un cierto
modo de sesgar la imagen en su conjunto sin correspondencia
con la realidad, y un reconocible «estilo del dibujante», cosa
que no posee ningún hombre real.
Pero con todas estas diferencias, ¿cómo es que seguimos
reconociendo un busto de hombre en ese conjunto de líneas que
constituyen la imagen? Una respuesta exhaustiva a esta pregunta
supera los objetivos de esta obra, y necesitaría por sí sola
un tomo entero. Lo que podemos decir brevemente es que, de
todos modos, la imagen reproduce algunas características del
objeto real de la manera en que normalmente lo percibimos. Para decirlo brevemente, a lo que queremos llegar es a que el dibujo, como cualquier otra técnica de producción de imágenes, se ve obligado a hacer una selección de las características del objeto que quiere representar. No todas las características son igualmente eficaces para dar la idea del objeto, sea porque son perceptivamente, irrelevantes, sea porque son imposibles de reproducir con el dibujo (por ejemplo, olores y sonidos característicos del objeto), pero muchas de estas características pueden ser utilizadas más o menos con la misma eficacia. Dibujar es, pues, elegir entre las características útiles, aquellas a privilegiar para representar el objeto. Cada dibujo es así el resultado de una selección de características
consideradas importantes en detrimento de otras. Pero
para expresar muchas características, de manera que una selección
y no otra perjudique el reconocimiento del objeto, no es
indiferente. Si tenemos, por ejemplo, diez modos aceptables de
representar un determinado objeto, cada uno de ellos será también
un modo de subrayar aspectos diferentes de ese objeto.
Saber dibujar no es solamente saber crear unas imágenes que se asemejan a ese objeto; también, y sobre todo, saber crear unas
imágenes que subrayen los aspectos del objeto que son importantes
para el discurso que se quiere hacer.
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